En una casa sencilla de Bogotá, en 2012, Sofía, de 16 años, vive con su abuela Claudina, de 70. Su madre trabaja en Estados Unidos desde hace más de una década; su padre desapareció de su vida cuando ella era muy pequeña. Sofía y Claudina sostienen la casa alrededor de una olla de hervido que nunca se vacía del todo, y es en esa rutina compartida, más que en cualquier conversación directa, donde ha crecido el vínculo más fuerte de la vida de Sofía.
Un día, revolviendo la olla, a Claudina se le escapa un nombre que nunca antes había dicho frente a su nieta: Efraín. Esa grieta pequeña abre la puerta a una historia de juventud en Nilo, un pueblo de tierra caliente en Cundinamarca, en los años en que Colombia vivía uno de sus periodos más violentos. Ahí, Claudina amó en secreto a un maestro liberal recién llegado de Bogotá, con quien planeó huir, hasta que, la noche acordada, él desapareció sin explicación. Ella se casó después con otro hombre, construyó una vida entera en la capital, y jamás dejó de preguntarse, en silencio, qué había pasado esa noche.
Mientras Sofía empieza a tirar del hilo de esa historia, sin saber al principio cuánto se va a parecer a la suya propia, recibe un mensaje de texto de alguien que dice ser Javier, el padre que nunca conoció, y empieza a responderle en secreto, sin poder confirmar todavía si es real.
La serie sigue esa doble búsqueda, la de una historia que se cerró sin explicación hace sesenta años, y la de otra que podría estar apenas empezando, hasta que ambas se cruzan, en la misma cocina, con la misma olla siempre sobre el fuego.